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Un tratamiento para Osteoporosis que reduce las Fracturas.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) aprobó el 9 de abril un medicamento para tratar la osteoporosis que representa el primer enfoque nuevo de tratamiento en casi dos décadas.

Se trata de una estrategia basada en una mutación genética poco común que se ha observado en personas con huesos tan densos que nunca se rompen.

Alrededor de diez millones de personas en Estados Unidos padecen osteoporosis. En todo el mundo, unos doscientos millones de personas tienen huesos frágiles; una de cada tres mujeres y uno de cada cinco varones sufrirán una fractura como consecuencia de la osteoporosis, en muchos casos vertebrales o de cadera.

El tratamiento comúnmente indicado involucra el uso de sustancias llamadas bisfosfonatos, que detienen la pérdida de hueso, pero no lo regeneran. Otras alternativas, la hormona paratiroidea y un derivado, generan tejido óseo, pero también producen resorción ósea (la degradación del tejido óseo y la transferencia de calcio al torrente sanguíneo), por lo que su efecto terapéutico es limitado.

El nuevo medicamento, romosozumab (de nombre comercial Evenity), desarrollado por Amgen en colaboración con la farmacéutica belga UCB, restaura el hueso sin causar resorción ósea, según los hallazgos de dos pruebas clínicas amplias.

Solo se aprobó para las mujeres posmenopáusicas con riesgo elevado de fractura y su etiqueta incluirá una advertencia sobre la posibilidad de un mayor riesgo de ataque cardiaco o de accidentes cerebrovasculares, según señaló la FDA.

“Es un medicamento de gran importancia”, afirmó Richard Bockman, director del servicio de Endocrinología en el Hospital para Cirugía Especial de Nueva York. “Es un medicamento que de verdad estimula la formación ósea a partir de la biología subyacente del hueso”.

La FDA afirmó que ordenó incluir en la etiqueta del medicamento un recuadro con la advertencia de que no deben emplearlo quienes hayan sufrido un ataque cardiaco o un accidente cerebrovascular durante el año anterior. Los médicos también deben considerar si deben recetarles este medicamento a pacientes con riesgo alto de sufrir ataques cardiacos o accidentes cerebrovasculares.

“Es un avance enorme” dijo la doctora Dolores Shoback, profesora y experta en osteoporosis en la Universidad de California, San Francisco.

El origen del medicamento tiene una historia impresionante.

En 1964, algunos investigadores comenzaron a estudiar a un grupo inusual de pacientes afrikáneres en Sudáfrica. Eran altos y pesados, pero no obesos. Más bien, sus huesos eran grandes y densos.

Sus huesos exhibían un crecimiento tan profuso que provocaba una deformación en su cabeza: sus mandíbulas eran grandes y el crecimiento excesivo del hueso en el cráneo causaba presión en los nervios.

En 2001, los científicos informaron que todos estos efectos se debían a la mutación de un solo gen. Gracias a este descubrimiento, los investigadores lograron comprender cómo controla el cuerpo la formación ósea.

Por GINA KOLATA
11 de abril de 2019, New York Times

El amor como antídoto del miedo

Cuando estamos enamorados nuestra amígdala se relaja y nos sentimos más fuertes para afrontar situaciones difíciles.

El filósofo indio Jiddu Krishnamurti afirmaba que lo contrario del amor no es el odio, sino el miedo. Las investigaciones en neurociencia lo confirman. Cuando amamos a alguien se relajan nuestros sistemas más antiguos de supervivencia. La amígdala es la zona de nuestro cerebro con más años de evolución, el lugar en el que se procesan las emociones básicas. En esta glándula están codificadas parte de nuestras respuestas más elementales ante el peligro: la huida, el ataque o el bloqueo. Es justamente lo que nos ocurre en un examen o en una reunión estresante en la que se nos olvida lo que íbamos a decir. Son respuestas ante el miedo o sus derivados. Sin embargo, esta aprensión tiene un antídoto. Diversos estudios han demostrado que, cuando estamos enamorados, nuestra amígdala se relaja y nos sentimos más fuertes para afrontar situaciones difíciles. Es decir, el amor nos ayuda a superar el miedo y a tomar decisiones más arriesgadas. Respuestas que en otras circunstancias no desarrollaríamos.

La experiencia amorosa no se circunscribe únicamente a las relaciones con otras personas, también son propósitos y compromisos que adquirimos. Por eso, cuando creemos en una causa o luchamos por algo que realmente nos llena, nos encontramos con más fuerzas para superar las dificultades. Así lo narro en el libro Nomiedo en la empresa y en la vida (Alienta, 2006) y así lo evidencian personas que han logrado auténticas proezas, como es el caso del británico Lewis Pugh.

El abogado Pugh, fiel defensor del medioambiente, se ha convertido en el mejor nadador en hielo del planeta. Con un simple bañador y sin traje de neopreno ha desafiado en el Polo Norte temperaturas inferiores a -1,5 grados (las aguas donde murieron las personas tras el accidente del Titanic estaban a 5 grados). Tal y como detalla en su primer libro autobiográfico, lo que le ayudó a superar el pánico a la hipotermia mortal, además de un increíble entrenamiento, fue el profundo convencimiento del motivo que le llevó a realizar semejante desafío. El amor por una causa: la defensa del medioambiente. Durante los casi 20 minutos que duró su recorrido a nado entre glaciares pidió que aparecieran las banderas de los países que le habían apoyado en su cruzada, recordó intensamente el amor hacia sus padres y el legado que quería dejar a las siguientes generaciones. Es la causa de Pugh, pero si pensamos en nosotros y en nuestros problemas cotidianos, ¿por qué motivo o por qué causa nos atreveríamos a superar nuestras dificultades más profundas?

El amor, además, se entrena. El psicoanalista alemán Erich Fromm ya lo explicó en su maravilloso libro El arte de amar, y así lo ha corroborado la neurociencia. Los seres humanos podemos incrementar nuestra capacidad amatoria mejorando la autocompasión y la atención plena. Se ha comprobado cómo los monjes que entrenan regularmente la meditación tienen diferentes frecuencias de las ondas alfa en el cerebro en comparación con el resto de los mortales. Esto les hace ver la vida de un modo más amable, sin tantos prejuicios hacia lo que les rodea. Esto supone una menor actividad de la amígdala y una mayor sensación de conexión con el resto de las personas. La buena noticia es que podemos ejercitarlo y, después de unas semanas de práctica, se puede observar cómo se generan nuevos circuitos en nuestro cerebro que incrementan a la larga nuestra capacidad amatoria. El amor no es tangible, no se puede medir, pero tampoco amamos en una proporción fija, sino que, paradójicamente, cuanto más aprendemos a aceptarnos y a querernos, más capacidad tenemos de amar.

Quizá la mejor manera de celebrar el próximo San Valentín es aprendiendo a querernos a nosotros mismos, a enamorarnos de una causa o de un propósito. Eso nos ayudará a amar mejor a otros y a superar nuestras propias dificultades.

sábado

La farmacia no será asistencial sin servicios rentables

Miguel Angel Gastelorrutia, patrono de la Fundacion Pharmaceutical Care de España, entre otras cosas, mencionó en una entrevista para El Global de España, lo difícil que se hace implementar un servicio como la Farmacia Asistencial y no recibir nada a cambio. Aquí la entrevista completa. 

Hace ya casi 30 años que se publicó el paradigmático Opportunities and responsibiilities in Pharmaceutical Care en el que los profesores Hepler y Stand planteaban un cambio en la práctica del farmacéutico por el que ésta debía pasar de estar centrada en el producto a ocuparse de los pacientes que utilizan medicamentos. Lo que estos autores propugnaban era que el farmacéutico realice una práctica más clínica, no tan comercial como la que existía. Este movimiento, que en España se tradujo como Atención Farmacéutica (AF), hoy está apoyado por prácticamente todas las organizaciones farmacéuticas a nivel internacional. En nuestro país, en 2004, el grupo de consenso denominado Foro de AF en el que entre otros participa la Fundación Pharmaceutical Care España apoyó este movimiento consensuando la definición de AF y tres servicios fundamentales de la misma: Dispensación, Indicación Farmacéutica y Seguimiento Farmacoterapéutico.

En 2009, el Foro de AF en Farmacia Comunitaria (FC), también con la participación de la Fundación, continuó el trabajo definiendo el concepto de Servicios Profesionales Farmacéuticos Asistenciales (SPFA). Los servicios se dividen en dos grandes grupos: los de atención comunitaria, transversales y por tanto compartidos con otras profesiones, y los servicios de AF, más clínicos y orientados al paciente que utiliza medicamentos. La escasa implantación real de estos últimos, a excepción de la Dispensación y la Indicación Farmacéutica, muestra que a pesar de que el discurso de los líderes profesionales hace que parezca lo contrario, la implantación de estos servicios sigue sin ser una realidad, y por tanto los pacientes siguen sin percibir los beneficios que podrían obtener como consecuencia de su práctica. Este no es un hecho exclusivo de nuestro país, pero un modelo de farmacia que se presenta ante el mundo como de excelencia, en mi opinión debería hacer un esfuerzo conjunto y extra en la generalización de estos servicios asistenciales.

Desde mi punto de vista no se puede esperar que una actividad adicional se implante si ésta no genera la rentabilidad que justifique su práctica. Siempre recuerdo una frase de uno de los participantes en mi tesis doctoral: “todos hacemos aquello por lo que nos pagan”. Actualmente, al farmacéutico comunitario (FC) se le sigue pagando casi exclusivamente por la “prestación farmacéutica”, es decir, se le paga por aspectos relacionados con el producto (medicamento) por lo que la práctica real del FC se circunscribe a la dispensación de medicamentos y PS y a la venta de productos de parafarmacia. Creo que es evidente que más allá de un acercamiento hacia una farmacia asistencial, lo que se está produciendo es una comercialización cada vez mayor, probablemente justificada desde un punto de vista eminentemente económico.

La situación a nivel internacional no es muy diferente, aunque sí hay excepciones en las que suele existir una relación directa con el pago directo por la práctica de servicios asistenciales. En los países en los que se ha conseguido que los servicios se remuneren, la práctica asistencial aumenta. Un ejemplo son los EEUU, donde los últimos datos refieren que el FC dedica al menos una hora al día a realizar servicios cognitivos, fundamentalmente la vacunación por el farmacéutico que, curiosamente, parece ser el servicio con mayor implantación. (Shommer, 2020).

Son muchos los autores que defienden que no hay futuro profesional si el farmacéutico sigue centrado exclusivamente en la distribución (logística) de los medicamentos. Los retos y riesgos, muchos de ellos basados en la denominada “revolución industrial 4.0”, son enormes (Baines, 2019). La alternativa que se plantea es la implantación real de servicios rentables que vuelvan a hacer al farmacéutico indispensable. La morbimortalidad de la farmacoterapia es una realidad. El farmacéutico, en general, y el FC en su ámbito de actuación, pueden contribuir a disminuir su yatrogenia y a mejorar los resultados en salud, incluidos los humanísticos y económicos, que tan importantes son para los gestores. Creo que como colectivo, líderes y profesionales, deberíamos repensar nuestra práctica y plantearnos el reto de conseguir la retribución de servicios clínicos que nos permitan su generalización.
Para ello se deberían plantear estrategias de negociación con las Comunidades autónomas sobre el pago de los servicios que hayan demostrado ser coste-efectivos usando el todos ganan (win-win) y con la Administración central sobre la inclusión de estos servicios, como el Seguimiento farmacoterapéutico, en la Cartera básica de servicios.